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Lucas 6 – La revelación del Hijo del Hombre

El Salvador-Hombre se revela como Señor, Maestro y Dador de vida. Establece la vida que expresa el reino de Dios

¿Es posible vivir conforme a las elevadas exigencias del reino de Dios mediante nuestras propias fuerzas? Con frecuencia intentamos ajustar nuestro comportamiento a reglas y ordenanzas externas, solo para descubrir la incapacidad de nuestra vieja naturaleza. En Lucas 6, el Salvador-Hombre rompe con las estructuras rígidas de la religión muerta para presentarse como el verdadero reposo y el suministro de nuestro ser. Descubre en este estudio cómo el Reino no se edifica sobre el esfuerzo moral humano, sino sobre la base de recibir, disfrutar y experimentar la vida divina, la cual transforma nuestro interior y nos capacita para expresar de forma espontánea el amor y la misericordia del Padre.

Después de atraer a los hombres hacia Sí mismo, limpiarlos de su contaminación y perdonar sus pecados, el Salvador-Hombre continúa Su ministerio revelando cómo debe vivir una persona que ha sido introducida en el reino de Dios. Lucas 6 constituye un paso de suma importancia en la progresión del Evangelio. Si en el capítulo anterior vimos cómo el Señor llamó a los hombres para que le siguieran, en este capítulo contemplamos la clase de vida que Él desea producir en ellos.

El Salvador-Hombre no vino solamente para rescatar al hombre de su condición caída, sino también para impartirle Su propia vida divina a fin de capacitarlo para expresar a Dios. Por ello, en Lucas 6 encontramos una serie de enseñanzas que revelan los principios del reino de Dios. Estas palabras no describen simplemente una conducta moral superior basada en la capacidad natural, sino la expresión espontánea de una vida que tiene su origen en Dios mismo.

El Salvador-Hombre contrario a la religión (Lucas 6:1‑11)

El capítulo comienza con dos conflictos relacionados con el día de reposo. Los fariseos acusaron a los discípulos por arrancar espigas para comer en el día de reposo y, posteriormente, criticaron al Señor por sanar en la sinagoga a un hombre que tenía seca la mano derecha. Detrás de estas acusaciones se encontraba el sistema de la religión muerta, que había sustituido el propósito de Dios por reglas, conceptos y observancias externas. Los líderes religiosos se preocupaban más por preservar sus tradiciones que por la necesidad real de la humanidad caída. 
Entonces el Señor declaró: 
“El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (6:5).
 Estas palabras revelan que Cristo está por encima de toda ordenanza o práctica religiosa. El reposo verdadero no se encuentra en guardar reglamentos rituales, sino en disfrutar a Cristo mismo como nuestro suministro de vida. Allí donde está el Salvador-Hombre, el hombre encuentra libertad, satisfacción y el verdadero alimento. La religión procura mantener formas externas; Cristo procura impartirse al hombre como vida. [8, 9, 10, 11]

Depender de Dios como principio del Reino (Lucas 6:12‑16)

Antes de escoger a los doce apóstoles, el Señor subió al monte y pasó toda una noche orando a Dios. Este hecho es profundamente significativo en la economía de Dios. Aunque poseía los atributos divinos y toda autoridad, el Salvador-Hombre vivía en la tierra como un hombre dependiente del Padre. Su humanidad era una humanidad perfecta, completamente sumisa, guiada y en comunión constante con la fuente de vida. 
El vivir del Reino no es una vida de independencia, sino de dependencia absoluta de Dios. El Salvador-Hombre no actuaba según Su propia iniciativa o capacidad natural, sino conforme al mover del Padre.

 Después de orar, escogió a doce hombres para que participaran de Su ministerio. Esto revela que Dios desea obtener colaboradores en la tierra que estén en el espíritu y cooperen con Él para el cumplimiento de Su propósito eterno.

 Los valores del Reino (Lucas 6:20‑26)

Una vez reunidos Sus discípulos, el Señor comenzó a revelar los principios que gobiernan el reino de Dios:
 “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios” (6:20),
 y “Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados” (6:21).
 Estas palabras muestran que quienes reconocen su vaciedad y necesidad delante de Dios están en la posición adecuada en su espíritu para recibir el suministro de la gracia divina.
Por el contrario, el Señor pronunció ayes sobre aquellos que estaban satisfechos consigo mismos, confiaban en sus riquezas materiales o buscaban la aprobación de los hombres en la vieja creación. 
La vida del Reino comienza cuando el hombre reconoce su bancarrota espiritual. Cuanto más vacío está el creyente de sus propios conceptos religiosos, más espacio tiene Cristo para llenarlo con las riquezas de Su Persona. 

 El amor del Reino como expresión de la vida divina (Lucas 6:27‑38)

La enseñanza más elevada de este pasaje aparece cuando el Señor dice: 
“Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen” (6:27).
 Ninguna persona puede vivir ni actuar de esta manera mediante su esfuerzo natural. La naturaleza humana caída puede amar a quienes la aman, pero es totalmente incapaz de amar genuinamente a quienes la dañan, la persiguen o la vituperan. Sin embargo, el Salvador-Hombre estaba revelando aquí los atributos divinos que saturan las virtudes humanas. Dios es bondadoso aun con los ingratos y los malos. Por eso el Señor añade: 
“Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (6:36). 

El vivir del Reino es el desbordamiento de la vida divina. Cuando Cristo vive y crece en nosotros, comenzamos a manifestar un amor que supera los límites de la capacidad humana. Este amor constituye una de las evidencias más claras de que la vida de Dios está operando y expresándose en nuestro interior. [25, 26, 27, 28, 29]

El árbol y su fruto: la vida determina la expresión (Lucas 6:39‑45)

A continuación, el Señor utiliza la figura de la naturaleza para mostrar una realidad espiritual fundamental: 
“Porque no hay árbol bueno que produzca fruto malo; ni árbol malo que produzca fruto bueno” (6:43). La preocupación principal de Dios en Su economía no es la corrección exterior o la reforma moral del comportamiento humano, sino la transformación interior y metabólica de la persona. 
La religión muerta intenta modificar o maquillar el fruto externo. El Salvador-Hombre transforma el árbol desde su raíz. Cuando la vida divina es recibida y crece en nuestro espíritu, produce de manera espontánea un fruto diferente. Nuestras palabras, decisiones y acciones comienzan a ser la expresión misma de Cristo. Por ello, la economía de Dios se centra en impartir vida al hombre antes que en exigirle cambios conductuales externos.

 Edificar sobre la roca: Cristo como fundamento (Lucas 6:46‑49)

El capítulo concluye con la parábola de los dos cimientos: 
“Todo aquel que viene a Mí, y oye Mis palabras y las hace...” (6:47).
 El hombre prudente cavó profundamente y puso el fundamento sobre la roca. Cuando llegaron las inundaciones, las corrientes del río azotaron con ímpetu la casa, pero no la pudieron mover porque estaba bien edificada.
La roca representa a Cristo conocido, experimentado, disfrutado y obedecido en la vida práctica. Escuchar la palabra del ministerio sin ponerla en práctica produce una vida inestable, expuesta a los ataques del enemigo. Pero cuando la palabra del Señor se convierte en nuestra experiencia diaria en las iglesias locales, nuestro vivir adquiere un fundamento inconmovible que puede resistir cualquier prueba. La vida del Reino no se edifica sobre emociones fluctuantes, conocimientos teóricos o tradiciones religiosas, sino sobre Cristo mismo como nuestra roca eterna. 

Síntesis del capítulo

Lucas 6 nos devela al Salvador-Hombre desmantelando el legalismo para establecer la realidad orgánica de Su Reino. Lo contemplamos como:
  • El Señor del sábado que nos saca de las ordenanzas y se imparte como nuestro verdadero reposo.
  • El Hombre perfecto que vive en continua dependencia del Padre.
  • El Suministrador que llena con Su gracia a los que tienen hambre y sed en su espíritu.
  • La Vida divina que capacita a las virtudes humanas para amar aun a los enemigos.
  • El Viñador que transforma nuestra naturaleza interna para que demos fruto abundante.
  • La Roca eterna sobre la cual edificamos un vivir firme y aprobado.

Aplicación para nuestra vida

Es sumamente fácil caer en el engaño de la religión: intentar cumplir con las exigencias del Señor usando nuestra fuerza natural. Lucas 6 nos recuerda que el vivir del Reino es en realidad Cristo mismo expresándose a través de nosotros. Nuestro servicio y nuestro andar diario no deben ser el resultado de una obligación legalista. Necesitamos acudir al Señor con un corazón humilde y vacío de nosotros mismos, manteniendo una comunión íntima y una dependencia constante de Su Espíritu. Al edificar nuestra vida práctica sobre la roca de Su palabra experimentada, Su vida divina fluirá de manera espontánea, manifestando la misericordia y el amor del Padre en nuestro entorno.

Oración

Señor Jesús, te damos gracias porque Tu meta no es darnos una lista de reglas morales, sino impartirte como vida en nuestro espíritu. Líbranos de la levadura de la religión muerta y de la autosuficiencia de la carne. Queremos ser personas que dependan enteramente de Ti en cada detalle del día a día. Vacíanos de nuestras propias opiniones y conceptos religiosos; satura nuestro ser con Tu amor y Tu misericordia. Queremos cavar profundo y edificar nuestro vivir sobre la roca de Tu Persona experimentada, para que seamos vasos que te expresen dignamente en Tu Reino. ¡Amén!

Fuentes consultadas

  • Estudio-vida de Lucas, mensajes 16–18.
  • Notas de estudio del Evangelio de Lucas.
  • Living Stream Ministry