El Salvador-Hombre se revela como Señor, Maestro y Dador de vida. Establece la vida que expresa el reino de Dios
El Salvador-Hombre no vino solamente para rescatar al hombre de su condición caída, sino también para impartirle una vida capaz de expresar a Dios. Por ello, en Lucas 6 encontramos una serie de enseñanzas que revelan los principios del reino de Dios. Estas palabras no describen simplemente una conducta moral superior, sino la expresión de una vida que tiene su origen en Dios mismo.
1. El Salvador-Hombre contrario a la religión (Lc 6:1‑11)
El capítulo comienza con dos conflictos relacionados con el día de reposo. Los fariseos acusaron a los discípulos por arrancar espigas para comer y posteriormente criticaron al Señor por sanar a un hombre que tenía seca una mano.
Detrás de estas acusaciones se encontraba un sistema religioso que había sustituido el propósito de Dios por reglas y observancias externas. Los líderes religiosos se preocupaban más por preservar sus tradiciones que por el bienestar del hombre.
Entonces el Señor declaró:
“El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (Lc. 6:5).Estas palabras revelan que Cristo está por encima de toda práctica religiosa. El reposo verdadero no se encuentra en guardar reglamentos, sino en disfrutar a Cristo mismo. Allí donde está el Salvador-Hombre, el hombre encuentra libertad, vida y satisfacción.
La religión procura mantener formas externas; Cristo procura impartirse al hombre como vida.
2. Depender de Dios como principio del reino (Lc 6:12‑16)
Antes de escoger a los doce apóstoles, el Señor pasó toda una noche orando a Dios.
Este hecho es profundamente significativo. Aunque poseía la naturaleza divina y toda autoridad, vivía como un hombre dependiente de Dios. Su humanidad era una humanidad sometida al Padre, guiada por el Padre y en comunión constante con el Padre.
La vida del reino no es una vida de independencia, sino de dependencia de Dios. El Salvador-Hombre no actuaba según Su propia iniciativa, sino conforme al propósito divino.
Después de orar, escogió a doce hombres para que participaran en Su mover. Esto revela que Dios desea obtener colaboradores que cooperen con Él para el cumplimiento de Su propósito eterno.
3. Los valores del reino (Lc 6:20‑26)
Una vez reunidos Sus discípulos, el Señor comenzó a revelar los principios que gobiernan el reino de Dios.
“Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios” (Lc. 6:20).Estas palabras muestran que quienes reconocen su necesidad delante de Dios están en la posición adecuada para recibir Su gracia.
Por el contrario, el Señor pronunció ayes sobre aquellos que estaban satisfechos consigo mismos, confiaban en sus riquezas o buscaban la aprobación de los hombres.
La vida del reino comienza cuando el hombre reconoce que necesita a Dios. Cuanto más vacío está de sí mismo, más espacio tiene Cristo para llenarlo.
4. El amor del reino como expresión de la vida divina (Lc 6:27‑38)
Quizás la enseñanza más elevada de este capítulo aparece cuando el Señor dice:
“Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen” (Lc. 6:27).Ninguna persona puede vivir de esta manera mediante su esfuerzo natural. La naturaleza humana puede amar a quienes la aman, pero no puede amar genuinamente a quienes la dañan o persiguen.
Sin embargo, el Salvador-Hombre estaba revelando aquí la naturaleza misma de Dios. Dios es bondadoso aun con los ingratos y los malos. Por eso el Señor añade:
“Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lc. 6:36).La vida del reino es la expresión de la vida divina. Cuando Cristo vive en nosotros, comenzamos a manifestar un amor que supera los límites de la capacidad humana.
Este amor constituye una de las evidencias más claras de que la vida divina está operando en nuestro interior.
5. El árbol y su fruto: la vida determina la expresión (Lc 6:39‑45)
A continuación, el Señor utiliza la figura de un árbol para mostrar una realidad espiritual fundamental:
“Porque no hay árbol bueno que produzca fruto malo; ni árbol malo que produzca fruto bueno” (Lc. 6:43).La preocupación principal de Dios no es la corrección exterior del comportamiento humano, sino la transformación interior de la persona.
La religión intenta modificar el fruto. El Salvador-Hombre transforma el árbol.
Cuando la vida divina crece en nosotros, produce espontáneamente un fruto diferente. Nuestras palabras, decisiones y acciones comienzan a reflejar la vida de Cristo.
Por ello, la economía de Dios se centra en impartir vida al hombre antes que en exigir cambios externos.
6. Edificar sobre la roca: Cristo como fundamento (Lc 6:46‑49)
El capítulo concluye con la parábola de los dos cimientos.
“Todo aquel que viene a Mí, y oye Mis palabras y las hace...” (Lc. 6:47).El hombre prudente cavó profundamente y puso el fundamento sobre la roca. Cuando llegaron las inundaciones y los vientos, la casa permaneció firme.
La roca representa a Cristo conocido, experimentado y obedecido.
Escuchar la palabra sin ponerla en práctica produce una vida inestable. Pero cuando la palabra del Señor llega a ser nuestra experiencia diaria, nuestra vida adquiere un fundamento que puede resistir cualquier prueba.
La vida del reino no se edifica sobre emociones, conocimientos o tradiciones religiosas, sino sobre Cristo mismo como la roca eterna.
Conclusión
Lucas 6 revela que el Salvador-Hombre no sólo salva al hombre caído, sino que también forma en él una vida que expresa el reino de Dios. Él es Señor sobre toda religión, vive en absoluta dependencia del Padre y produce en Sus seguidores una vida caracterizada por la humildad, la misericordia, el amor y la obediencia.
La vida descrita en este capítulo no es el resultado del esfuerzo humano, sino la manifestación de Cristo viviendo en los creyentes. Así, la economía de Dios avanza desde la salvación del hombre hasta la expresión práctica de Dios en la vida diaria.
Palabras claves
Reino de Dios: La esfera donde Dios gobierna y se expresa mediante Su vida en los creyentes.
Misericordia: La expresión del corazón de Dios hacia el hombre necesitado.
Roca: Cristo como fundamento firme de la vida cristiana.
Oración
Señor Jesús, gracias porque no sólo nos has salvado, sino que también deseas vivir en nosotros y expresarte por medio de nosotros. Líbranos de una vida meramente religiosa y haznos personas que dependan de Ti en todo. Confórmanos al amor, la misericordia y a la realidad de Tu reino para que podamos manifestarte en nuestra vida diaria. Amén.
Fuentes consultadas.
- Estudio-vida de Lucas, mensajes 16–18.
- Notas de estudio del Evangelio de Lucas.
- Texto bíblico de Lucas 6 (Versión Recobro).
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