Lucas 2: La manifestación del Salvador-Hombre
El Dios-hombre se manifiesta en una humanidad genuina, creciendo y viviendo según la más alta norma de moralidad.
Después de la preparación descrita en Lucas 1, el Salvador-Hombre se manifiesta públicamente. Su nacimiento, presentación en el templo y crecimiento humano revelan que Aquel que vino a salvar al hombre no fue una figura extraordinaria separada de la vida humana, sino el Dios-hombre viviendo una humanidad genuina.
Lucas nos permite contemplar un aspecto precioso de Cristo. Él es Dios completo y hombre perfecto. Aunque poseía la divinidad, aceptó plenamente las limitaciones de la vida humana y pasó por todas las etapas normales del crecimiento.
Por esta razón, Lucas 2 no solamente relata acontecimientos relacionados con la infancia de Jesús. El capítulo revela la manifestación del Salvador-Hombre y el desarrollo de una humanidad perfecta que expresa a Dios.
La manifestación del Salvador-Hombre (Lucas 2:1-20)
El Salvador-Hombre se manifestó en las circunstancias más humildes. Aquel que era el Señor del universo nació en un establo y fue acostado en un pesebre. Su manifestación no estuvo acompañada por grandeza externa ni por reconocimiento humano.
«Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón». — Lucas 2:7
Desde el comienzo de Su vivir humano vemos una característica fundamental del Salvador-Hombre: una humanidad accesible, sencilla y carente de toda ostentación. Él vino para acercarse al hombre y llevar a cabo la salvación de Dios desde la condición humana más ordinaria.
Su nacimiento demuestra que Dios no eligió los caminos de la gloria terrenal para presentarse al hombre. El Dios-hombre apareció en humildad para introducir la salvación en la experiencia humana.
El reconocimiento del Salvador-Hombre (Lucas 2:21-40)
El nacimiento del Salvador-Hombre fue anunciado primeramente a pastores sencillos que velaban por sus rebaños durante la noche. Dios dio a conocer las buenas nuevas a personas humildes y receptivas.
«Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor». — Lucas 2:11
Más adelante, en el templo, Simeón reconoció algo aún más profundo. Al tomar al niño Jesús en sus brazos, comprendió que delante de él no estaba simplemente un niño especial, sino la salvación misma de Dios.
«Porque han visto mis ojos Tu salvación». — Lucas 2:30
La salvación de Dios no es solamente una obra o un plan; es una persona. Simeón vio en Cristo la salvación preparada por Dios para todos los pueblos.
Del mismo modo, Ana reconoció al Salvador-Hombre y habló acerca de Él a quienes esperaban la redención. Tanto Simeón como Ana representan a aquellos que aguardaban el cumplimiento de las promesas divinas y pudieron reconocer a Cristo cuando Él se manifestó.
Una humanidad genuina y perfecta (Lucas 2:41-51)
Lucas presenta una escena única cuando Jesús tenía doce años. Durante la Pascua permaneció en el templo mientras Sus padres regresaban hacia Nazaret. Al encontrarlo, María le preguntó por qué había actuado de aquella manera.
«¿No sabíais que en los asuntos de Mi Padre me es necesario estar?». — Lucas 2:49
Estas palabras revelan Su conciencia de la relación que tenía con el Padre. Desde joven vivía orientado hacia el propósito divino y conocía claramente Su origen y misión.
Sin embargo, el relato añade algo igualmente importante: regresó a Nazaret y permaneció sujeto a Sus padres. En el Salvador-Hombre vemos un equilibrio perfecto. Vivía para los intereses del Padre celestial y al mismo tiempo cumplía apropiadamente Sus responsabilidades humanas.
Esta armonía revela una humanidad perfecta. No existe conflicto entre Su dedicación a Dios y Su comportamiento humano apropiado.
El crecimiento del Dios-hombre (Lucas 2:52)
El capítulo concluye con uno de los versículos más significativos acerca de la humanidad del Señor Jesús.
«Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres». — Lucas 2:52
El Salvador-Hombre pasó por un crecimiento humano auténtico. No apareció como un hombre plenamente desarrollado, sino que aceptó todas las etapas normales de la vida humana.
Creció físicamente, se desarrolló mentalmente, avanzó en Su experiencia humana y halló gracia tanto delante de Dios como delante de los hombres.
En este crecimiento vemos la más alta norma de moralidad. La humanidad del Señor no era simplemente buena; era una humanidad llena de Dios y saturada de las virtudes que expresan los atributos divinos.
Así se manifestaba progresivamente el Dios-hombre en Su vivir diario.
Síntesis del mensaje
Lucas 2 presenta la manifestación del Salvador-Hombre. Desde Su nacimiento en un pesebre hasta Su crecimiento en Nazaret, contemplamos una humanidad genuina y perfecta.
Aunque era Dios mismo, aceptó vivir plenamente como hombre. Su desarrollo humano, Su relación con el Padre y Su sujeción apropiada revelan la más alta norma de moralidad y preparan el camino para Su ministerio salvador.
Aplicación espiritual
- Valorar la humanidad del Salvador-Hombre. Al contemplar a Cristo descubrimos una humanidad perfecta que expresa plenamente a Dios.
- Vivir para los asuntos del Padre. El Señor puso los intereses de Dios en primer lugar incluso desde Su juventud. Nosotros también podemos aprender a orientar nuestra vida hacia Su propósito.
- Crecer en la vida divina. Así como el Salvador-Hombre creció humanamente, nosotros necesitamos crecer continuamente en la experiencia de Cristo y en el disfrute de Su vida.
Oración
Señor Jesús, gracias por manifestarte como el Salvador-Hombre. Queremos conocerte en Tu humanidad perfecta y aprender a vivir para los asuntos del Padre. Haznos crecer en Tu vida y conforma nuestro vivir a Tu ejemplo para que podamos expresarte cada día. Amén.
Bibliografía:
Estudio‑Vida de Lucas — Mensajes 6 y 7. Living Stream Ministry. Versículos: Biblia Versión Recobro.