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5. El ministerio del Señor, Su persona y Su obra

Lucas 5: El Salvador-Hombre atrae, limpia y renueva al hombre caído

En Lucas 5 contemplamos al Salvador-Hombre atrayendo a los ocupados, limpiando a los contaminados, sanando a los incapacitados e impartiéndose como el vino nuevo para nuestro disfrute.

Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos — Lucas 5:31-32

Lucas 5 presenta una maravillosa revelación del Salvador-Hombre en Su ministerio. Cada escena de este capítulo pone de manifiesto una condición distinta del hombre caído y, al mismo tiempo, revela una faceta preciosa de Cristo.

Pedro representa a los ocupados; el leproso, a los contaminados; el paralítico, a los incapacitados; y Leví, a los menospreciados. Frente a todos ellos aparece el Salvador-Hombre, lleno de virtudes humanas que expresan atributos divinos.

Este capítulo no enfatiza lo que el hombre puede hacer por Dios, sino lo que Cristo hace por el hombre. Él atrae, limpia, sana, recibe y finalmente se imparte a nosotros como vida, disfrute y suministro interior.

El Salvador-Hombre atrae a los ocupados

La primera escena nos presenta a Pedro y sus compañeros ocupados en su trabajo diario. Habían pasado toda la noche pescando sin obtener resultado. Sin embargo, el Señor intervino y produjo una pesca milagrosa que reveló Su autoridad divina.

Al contemplar aquella manifestación, Pedro reconoció inmediatamente su verdadera condición delante del Señor.

«Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador». — Lucas 5:8

Mientras el hombre permanece absorbido por sus propias ocupaciones, rara vez percibe su necesidad espiritual. Pero cuando Cristo se revela, el hombre reconoce quién es realmente y comienza a experimentar la salvación de Dios.

«No temas; desde ahora pescarás a los hombres para vida». — Lucas 5:10

El Señor no llamó a Pedro simplemente para realizar una obra. Lo llamó para participar en Su mover. Los pescadores capturan peces para llevarlos a la muerte, pero los discípulos son llamados a conducir a los hombres a la vida. Así, el Salvador-Hombre atrae a los ocupados para introducirlos en el propósito de Dios.

El Salvador-Hombre limpia y sana

Después de atraer a Pedro, Lucas presenta dos casos que muestran la necesidad profunda del hombre: la contaminación y la incapacidad.

El leproso representa la contaminación del pecado. Debido a su condición, estaba separado de los demás y privado de la comunión normal. Sin embargo, cuando acudió al Señor encontró compasión y aceptación.

«Quiero; sé limpio». — Lucas 5:13

El Señor extendió Su mano y tocó al hombre. Su compasión manifestó una virtud humana perfecta, mientras que Su poder para limpiarlo reveló un atributo divino. El resultado fue una restauración completa.

A continuación aparece el paralítico. Su condición representa la incapacidad del hombre para andar delante de Dios. Antes de sanar su cuerpo, el Señor se ocupó del problema más profundo: el pecado.

«Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (...) A ti te digo: Levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa». — Lucas 5:24

El Salvador-Hombre mostró que posee autoridad para perdonar pecados y poder para restaurar al hombre. En Él vemos al Dios verdadero expresado en una humanidad perfecta.

El Salvador-Hombre recibe a los pecadores

Más adelante el Señor llamó a Leví, un recaudador de impuestos despreciado por la sociedad religiosa de su tiempo. Sin exigirle cambios previos ni imponerle condiciones, simplemente le dijo: «Sígueme».

Leví respondió inmediatamente. Lo dejó todo, se levantó y siguió al Señor. Más tarde preparó un gran banquete donde muchos publicanos y pecadores tuvieron la oportunidad de acercarse a Jesús.

Cuando los fariseos criticaron aquella situación, el Señor respondió revelando la naturaleza de Su ministerio.

«Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento». — Lucas 5:31-32

El Salvador-Hombre vino como Médico. Él conoce la verdadera condición del hombre y se acerca a nosotros lleno de gracia y misericordia para sanarnos y restaurarnos.

Cristo como el vino nuevo para nuestro disfrute

El capítulo concluye con una revelación aún más profunda. El Señor mostró que no vino para mejorar algo viejo ni para ajustar prácticas religiosas externas. Él vino para impartirse a Sí mismo en el hombre.

Por medio del vestido nuevo, del vino nuevo y de los odres nuevos, Cristo reveló que Él mismo es la respuesta a la necesidad humana.

«Sino que el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan». — Lucas 5:38

El vino nuevo representa a Cristo como nuestro disfrute interior. Él desea impartirse en nosotros como vida, gozo, energía y satisfacción espiritual.

El Salvador-Hombre no vino simplemente a corregir lo viejo ni a mejorar la vida natural del hombre. Él vino para impartirse a Sí mismo como una vida completamente nueva. Por eso la vida cristiana no consiste principalmente en esfuerzo humano, sino en disfrutar a Cristo como nuestro vino nuevo.

El propósito del Salvador-Hombre no consiste solamente en perdonar, limpiar o sanar. Su meta es impartirse a Sí mismo en Su pueblo para que le disfrute y sea lleno de Él.

Síntesis del mensaje

Lucas 5 revela al Salvador-Hombre ministrando a personas de toda condición. Él atrae a los ocupados, limpia a los contaminados, sana a los incapacitados y recibe a los menospreciados.

Mediante Sus virtudes humanas expresa Sus atributos divinos y lleva a cabo la salvación de Dios. Finalmente se presenta como el vino nuevo para impartirse como vida y disfrute a quienes le reciben.

Aplicación espiritual

Permitir que Cristo nos atraiga. Cuando escuchamos Su palabra y contemplamos quién es Él, descubrimos que Su presencia es más preciosa que nuestras ocupaciones naturales.

Acudir a Él para ser limpiados y restaurados. El Señor no rechaza a quienes reconocen su necesidad. Él sigue acercándose al hombre con compasión para restaurar la comunión con Dios.

Disfrutar a Cristo como el vino nuevo. La vida cristiana no consiste principalmente en esfuerzos externos, sino en recibir continuamente el suministro interior de Cristo como nuestra vida y nuestro gozo.

Oración

Señor Jesús, gracias porque me atraes cuando estoy ocupado, me limpias cuando estoy contaminado, me sanas cuando carezco de fuerzas para seguirte y te impartes en mí como el vino nuevo para mi disfrute. Hazme experimentar Tu vida cada día. Amén.

Bibliografía:

Estudio-Vida de Lucas — Mensajes 13 al 15, Living Stream Ministry.