Lucas 3: La introducción del Salvador-Hombre en Su ministerio
Preparado por el precursor, bautizado, ungido por el Espíritu y reconocido por el Padre para cumplir la salvación de Dios.
Después de la preparación descrita en los capítulos anteriores, Lucas 3 presenta la introducción oficial del Salvador-Hombre en Su ministerio. Dios levantó a Juan el Bautista para preparar el camino y dirigir la atención del pueblo hacia Cristo.
Este capítulo no solamente relata acontecimientos históricos. Nos muestra cómo el Salvador-Hombre fue presentado al pueblo, acreditado por Dios, ungido por el Espíritu y preparado para llevar a cabo la salvación divina.
Al contemplar estas escenas descubrimos un principio espiritual importante: todo ministerio genuino procede de una vida entregada a Dios y dependiente de Su Espíritu.
El precursor prepara el camino (Lucas 3:1-14)
Mientras la religión formal continuaba sus actividades en Jerusalén, la palabra de Dios vino a Juan en el desierto. Dios utilizó a este precursor para preparar los corazones mediante el arrepentimiento.
«Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; haced derechas Sus sendas». — Lucas 3:4
Arrepentirse significa cambiar nuestra manera de pensar y volvernos al Señor. Preparar el camino para Cristo implica permitir que Él quite todo obstáculo que impida Su entrada y Su operación en nosotros.
Por esta razón, Juan pedía frutos dignos de arrepentimiento. Su predicación no se limitaba a una reacción emocional momentánea; buscaba una transformación práctica que preparara al pueblo para recibir al Salvador-Hombre.
El precursor presenta al Salvador-Hombre (Lucas 3:15-20)
Muchos se preguntaban si Juan era el Cristo. Sin embargo, él rechazó toda atención dirigida hacia sí mismo y señaló claramente hacia Jesús.
«Yo os bautizo en agua; pero viene el que es más fuerte que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de Sus sandalias». — Lucas 3:16
La función del precursor consistía en conducir a las personas hasta Cristo. Toda obra espiritual auténtica cumple ese mismo propósito: no exalta al hombre, sino al Salvador-Hombre.
Juan explicó además que Cristo bautizaría en el Espíritu Santo. Su ministerio preparaba; el ministerio del Salvador-Hombre impartiría vida divina y produciría una realidad espiritual completamente nueva.
El bautismo y la unción del Salvador-Hombre (Lucas 3:21-22)
El punto culminante del capítulo llega con el bautismo del Señor Jesús. Aunque era absolutamente perfecto y sin pecado, aceptó ser bautizado.
Mediante el bautismo, el Salvador-Hombre mostró que no viviría por Su vida natural. Voluntariamente aceptó pasar por la muerte en figura para vivir enteramente para Dios y llevar a cabo Su ministerio según el propósito del Padre.
«Y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres Mi Hijo amado; en Ti me he complacido». — Lucas 3:22
En esta escena contemplamos una revelación clara de la Trinidad Divina. El Hijo está en la tierra orando, el Espíritu desciende sobre Él como paloma y el Padre habla desde los cielos.
Además, vemos dos aspectos importantes relacionados con el Espíritu. El Señor fue concebido por el Espíritu Santo y poseía al Espíritu como la esencia de Su ser. Sin embargo, en Su bautismo el Espíritu descendió sobre Él para ungirlo e introducirlo en Su ministerio. Así observamos el aspecto esencial y el aspecto económico del Espíritu.
A partir de este momento, el Salvador-Hombre fue oficialmente acreditado por Dios para llevar a cabo Su obra.
La persona del Salvador-Hombre (Lucas 3:23-38)
Lucas concluye el capítulo con la genealogía del Señor. A diferencia de Mateo, que presenta al Rey y comienza con Abraham, Lucas presenta al Salvador-Hombre y remonta la genealogía hasta Adán.
«Hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios». — Lucas 3:38
Esta genealogía demuestra que Cristo vino para toda la humanidad. No pertenece únicamente a una nación o a un pueblo particular. Como Salvador-Hombre, está relacionado con toda la raza humana.
En esta secuencia destacan cuatro nombres significativos: Dios, Adán, Abraham y Jesús. Fuimos creados por Dios, caímos en Adán, recibimos la promesa en Abraham y encontramos la salvación en Jesucristo.
Así, Lucas presenta al Señor como el Hombre perfecto en quien Dios y el hombre se unen para llevar a cabo la economía divina.
Síntesis del mensaje
Lucas 3 presenta la introducción oficial del Salvador-Hombre en Su ministerio. Juan preparó el camino mediante el arrepentimiento y dirigió la atención del pueblo hacia Cristo.
El Salvador-Hombre fue bautizado, ungido por el Espíritu y reconocido por el Padre. Su genealogía demuestra que vino como el verdadero Hombre para representar a toda la humanidad y llevar a cabo la salvación de Dios.
Aplicación espiritual
• Enderezar el camino para el Señor. El arrepentimiento prepara nuestro corazón para recibir más de Cristo y disfrutar más profundamente de Su vida.
• Vivir por Dios y no por nosotros mismos. El Salvador-Hombre aceptó pasar por la muerte en figura para vivir enteramente para el Padre. Nosotros también podemos aprender a depender del Señor y no de nuestra capacidad natural.
• Servir bajo la unción del Espíritu. El Señor comenzó Su ministerio después de ser ungido por el Espíritu. Nuestro servicio espiritual también necesita depender de la vida y del poder del Espíritu Santo.
Oración
Señor Jesús, gracias porque eres el Salvador-Hombre presentado por Dios para realizar Su salvación. Endereza nuestro corazón, líbranos de vivir por nosotros mismos y enséñanos a depender de Tu Espíritu en todo lo que hacemos. Queremos seguirte y servirte bajo Tu unción. Amén.
Bibliografía:
Estudio‑Vida de Lucas — Mensajes 8 y 9. Living Stream Ministry. Versículos: Biblia Versión Recobro.