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7. La palabra de autoridad del Señor, Su compasión y perdón

Lucas 7: Las virtudes humanas y los atributos divinos del Salvador-Hombre 

La autoridad que sana, la compasión que resucita, la sabiduría que fortalece y el perdón que produce amor y paz.

Lucas 7 nos presenta al Salvador-Hombre llevando a cabo Su ministerio en Galilea mediante Sus virtudes humanas junto con Sus atributos divinos. En este capítulo contemplamos Su autoridad para sanar, Su compasión para resucitar, Su sabiduría para fortalecer a Su precursor y Su autoridad para perdonar pecados.

A través de estos acontecimientos, Lucas revela que el Señor Jesús es el Dios-hombre perfecto. Sus atributos divinos son expresados mediante una humanidad apropiada, llena de amor, compasión, ternura y sabiduría. Así, el Salvador-Hombre ministra a los necesitados, fortalece a los Suyos y lleva adelante la salvación de Dios.

1. El Salvador-Hombre sana al esclavo del centurión (Lucas 7:1-10)

Cuando el Señor llegó a Capernaum, un centurión romano tenía un esclavo gravemente enfermo y a punto de morir. Aunque era gentil, aquel hombre había llegado a reconocer algo extraordinario acerca del Salvador-Hombre: comprendía Su autoridad.

El centurión sabía lo que significaba estar bajo autoridad y ejercer autoridad. Por ello envió mensajeros al Señor diciendo que no era digno de recibirle en su casa y que bastaba una sola palabra para que su esclavo fuera sanado.

«Pero di la palabra, y mi criado quedará sano». — Lucas 7:7

El Señor se maravilló de una fe tan grande. Aquel hombre reconoció que Jesús poseía la autoridad universal y que Su palabra tenía poder para traer sanidad. En este episodio vemos las virtudes humanas del Salvador-Hombre expresando Su atributo divino de autoridad.

2. El Salvador-Hombre resucita al hijo de una viuda (Lucas 7:11-17)

Poco después, el Señor llegó a Naín y encontró una escena de profundo dolor. Una viuda seguía el cortejo fúnebre de su único hijo. Aquella mujer había perdido primero a su esposo y ahora también a su hijo, quedando completamente desolada.

Nadie le pidió al Señor que actuara. Fue Su propia compasión la que lo impulsó a intervenir. Al verla llorar, se acercó y le dijo: «No llores».

«Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella». — Lucas 7:13

Después tocó el féretro y ordenó al joven que se levantara. Inmediatamente volvió a la vida y fue entregado a su madre. Aquí contemplamos la tierna humanidad del Salvador-Hombre expresando el poder divino de la resurrección.

3. El Salvador-Hombre fortalece a Su precursor (Lucas 7:18-35)

Mientras el Señor realizaba estas obras maravillosas, Juan el Bautista permanecía encarcelado. Al escuchar todo lo que sucedía, envió discípulos para preguntar si Jesús era verdaderamente Aquel que había de venir.

El Señor respondió señalando las obras que estaban teniendo lugar: los ciegos recibían la vista, los cojos andaban, los leprosos eran limpiados, los sordos oían, los muertos eran resucitados y a los pobres se les anunciaba el evangelio.

«Y bienaventurado es el que no tropieza a causa de Mí». — Lucas 7:23

Con estas palabras, el Salvador-Hombre fortaleció a Su precursor para permanecer fiel al camino que Dios había determinado para él. Aunque el Señor tenía poder para librarlo de la prisión, eligió fortalecerlo interiormente para completar su ministerio.

Después, Jesús declaró públicamente que Juan era más que un profeta y el mensajero enviado para preparar el camino delante del Mesías.

4. El Salvador-Hombre perdona a una mujer pecadora (Lucas 7:36-50)

En casa de Simón el fariseo, una mujer conocida por su vida pecaminosa entró llevando un frasco de alabastro lleno de perfume. Llorando a los pies del Señor, los regó con sus lágrimas, los secó con sus cabellos y los ungió con perfume.

Mientras el fariseo la despreciaba en su corazón, el Salvador relató la parábola de dos deudores perdonados por un mismo acreedor. Con ella mostró que el amor no es la causa del perdón, sino su resultado.

«Tus pecados te son perdonados». — Lucas 7:48

El Salvador-Hombre era la encarnación del Dios perdonador. Solamente Dios posee autoridad para perdonar pecados, y en este episodio Cristo manifestó claramente ese atributo divino mediante Sus virtudes humanas.

«Tu fe te ha salvado; ve en paz». — Lucas 7:50

La secuencia espiritual presentada en este relato es muy significativa: la fe produce el perdón, el perdón produce amor y el amor produce paz. Esta es la experiencia normal de la salvación.

5. Síntesis

Lucas 7 nos muestra al Salvador-Hombre ministrando mediante Sus virtudes humanas junto con Sus atributos divinos. Su autoridad sana al esclavo del centurión, Su compasión resucita al hijo de la viuda, Su sabiduría fortalece a Juan el Bautista y Su autoridad divina perdona a la mujer pecadora.

En todos estos acontecimientos vemos al Dios-hombre perfecto. La autoridad, el poder de resurrección, la sabiduría y el perdón de Dios son expresados mediante una humanidad llena de amor, compasión y ternura. Así, el Salvador-Hombre lleva a cabo la salvación de Dios y cumple Su ministerio entre los hombres.

6. Aplicación espiritual

• Creer en la autoridad de Su palabra: El centurión reconoció que una sola palabra del Señor era suficiente. Nosotros también podemos ejercer fe en Sus promesas y descansar en Su autoridad.

• Acudir a Su compasión en medio de nuestras necesidades: La viuda de Naín no pidió ayuda, pero el Salvador-Hombre se compadeció de ella. Hoy sigue siendo el mismo Señor lleno de misericordia.

• Vivir en la experiencia de la fe, el amor y la paz: La fe nos conduce al Salvador. El perdón recibido produce amor hacia Él, y este amor trae una vida de paz y comunión con Dios.

Oración

Señor Jesús, gracias porque eres el Salvador-Hombre lleno de autoridad, compasión y gracia. Fortalece nuestra fe en Tu palabra, haznos experimentar Tu perdón de manera más profunda y condúcenos a una vida llena de amor y paz para seguirte y darte testimonio. Amén.

Bibliografía:

Estudio-vida de Lucas, Mensajes 16 y 17. Living Stream Ministry. Versículos: Biblia Versión Recobro.